Inspirar, involucrar, actuar

El Perú se deja interpretar a través de la mirada de quienes lo han traducido en forma, color y símbolo. Recorrerlo es, en esencia, desplazarse por una obra en constante construcción. Esa lectura comienza con José Sabogal , quien en la década de 1920 entendió que la identidad no debía buscarse afuera, sino en la profundidad de lo propio. En sus trazos, el rostro andino dejó de ser invisible para convertirse en centro. A partir de ahí, el arte peruano cambió su dirección.

El viaje no empieza al llegar a un destino, sino en el momento en que comienza a imaginarse. En ITB China 2026, ese proceso toma forma en un entorno donde se definen nuevas dinámicas del turismo internacional, se identifican oportunidades de crecimiento y se construyen conexiones clave entre mercados. Hoy, el viajero asiático no busca únicamente llegar lejos, sino comprender. En ese impulso, el Perú se presenta no como una colección de íconos, sino como una narrativa que se despliega por capas.

Hay ciudades que se recorren con la mirada. Lima, en cambio, se comprende a través del gusto. En su Centro Histórico, donde los balcones de madera tallada observan el paso del tiempo, la historia no se limita a sus iglesias o plazas. Se despliega en sus cocinas, en esa diversidad que convive sin esfuerzo: desde lo más esencial hasta las propuestas que reinterpretan la tradición. Aquí, cada sabor es una forma de entender la ciudad. La mañana comienza en su versión más auténtica. Entre el movimiento constante y el ritmo inconfundible del centro, el aroma a leña marca el inicio en El Chinito . El pan con chicharrón no es solo un clásico: es una escena cotidiana que se repite con precisión, donde el crujido, el dulzor del camote y la frescura de la sarsa criolla construyen un equilibrio que ha perdurado en el tiempo. Es el punto de partida perfecto: directo, honesto, profundamente limeño.

Atravesando valles profundos, ríos de montaña y extensas mesetas, los trenes del Perú recorren algunos de los paisajes más sobrecogedores de los Andes. Hoy, estos trayectos se viven como una experiencia en sí misma, donde la forma de recorrer el territorio revela tanto como el destino final. Desde Cusco hacia Machu Picchu, el viaje sigue el curso del río Urubamba, descendiendo desde el Valle Sagrado hacia la ceja de selva en un recorrido donde el paisaje cambia constantemente. Terrazas agrícolas, pueblos andinos y laderas cubiertas de vegetación acompañan el trayecto, anticipando la llegada a la ciudadela inca.

En diversas regiones del Perú, la Semana Santa transforma pueblos y ciudades en escenarios donde la fe, la memoria y la vida colectiva se entrelazan. Durante estos días, el país revela una herencia cultural profunda, en la que la tradición católica se integra con prácticas transmitidas a lo largo de generaciones, dando forma a celebraciones que se viven como parte esencial del territorio. El recorrido puede comenzar en Cusco, donde cada Lunes Santo la ciudad se reúne en torno a la procesión del Señor de los Temblores. Las calles del centro histórico se llenan de fieles, música sacra y flores de ñucchu rojo, creando una atmósfera solemne que une historia, espiritualidad y comunidad.

Cada año, el turismo internacional encuentra puntos de encuentro donde se definen tendencias, se generan nuevas oportunidades de negocio y se proyecta la manera en que el mundo viajará en los próximos años. En ciudades como Berlín y São Paulo, ferias como ITB Berlin y WTM Latin America reúnen a los principales actores de la industria para impulsar el desarrollo del sector a nivel global, posicionando al Perú dentro de una conversación cada vez más relevante y estratégica. El interés de los mercados europeos y latinoamericanos evoluciona hacia propuestas que integran contexto, profundidad y continuidad en la experiencia. Machu Picchu mantiene su relevancia como eje del viaje y se complementa con otros territorios como el Valle Sagrado, la Amazonía y las experiencias culturales vinculadas a comunidades locales, dando lugar a itinerarios más completos, diversos y diferenciados.

En Lima, algunas experiencias comienzan en la mesa, mientras que otras, como esta, empiezan mucho antes. En el corazón de Miraflores, existe un espacio donde la gastronomía no solo se prueba, sino que se recorre y se interpreta como parte de una memoria cultural más amplia. El recorrido inicia incluso antes de revisar una carta. Al cruzar la entrada, el ritmo de la ciudad queda atrás y da paso a un ambiente inesperado: el Museo del Yonque, también conocido como El Boticario. Entre vitrinas cuidadosamente iluminadas, se despliega una colección de botellas, macerados e infusiones que parecen suspendidos en el tiempo. Los aromas son intensos y envolventes, mientras que la luz tenue transforma el espacio en una atmósfera cercana a lo ceremonial.

Para muchos viajeros, el primer contacto con el Perú ocurre en Lima. Antes de conocer los Andes o el altiplano, la ciudad ofrece una forma inesperada de entender el país: su cocina. No se trata solo de probar platos conocidos. La mesa funciona como una introducción al territorio. Ingredientes, sabores y preparaciones permiten reconocer la diversidad del país incluso antes de recorrerlo físicamente.







